Deby El mundo corre, se pierde en su prisa,
pero mi tiempo se para cuando escucho tu risa.
No hace falta hablar, ni explicar lo que siento,
lo sabe el silencio, lo susurra el viento.
Eres el centro de toda mi gravedad,
la única calma en mi oscuridad.
Y es curioso ver cómo cambias el tono,
cómo haces que el cielo se sienta más pleno.
La luz se detiene, se queda a tu lado,
y todo lo simple se vuelve sagrado.
Observo tus pasos, tu forma de andar,
y entiendo que hay cosas que no puedo cambiar.
Sé que el destino trazó otros senderos,
que no somos dueños de todos los cielos.
Pero aunque el camino nos pida distancia,
te elijo en mi mente, con toda elegancia.
Eres la niña de mis ojos, mi luz, mi destino,
la flor que florece en medio del camino.
Aunque no estemos donde el mundo espera,
quiero que seas feliz, a tu propia manera.
No hace falta un nombre, ni una etiqueta,
si verte sonreír es mi paz completa.
Te busco en canciones, en planes guardados,
en los horizontes que hemos mirado.
Eres el refugio donde quiero volver,
aunque sepa bien que no puede ser.
Sonríe mi mente, sin saber por qué,
al reconocer que te encontré, al fin te encontré.
Lo mejor ocurre, justo aquí, ahora,
en este instante que el tiempo ignora.
No quiero cambiar lo que no nos pertenece,
solo quiero que tu luz nunca desaparezca, que siempre florezca.
Es un amor que no busca poseer,
es un amor que solo quiere verte crecer.
Si el mapa nos dice que no es el momento,
yo acepto el trato, yo acepto el intento.
Me basta saber que en algún lugar,
tienes un mundo que vas a conquistar.
Y aunque no sea yo quien tome tu mano,
te cuido de lejos, como un buen hermano.
En los detalles, ahí te has quedado,
en el camino que hemos trazado.
Solo tú y yo, en este secreto,
amarte en silencio... mi regalo perfecto.
Tan solo tú... la niña de mis ojos.