Hoy les canto una historia que al corazón le caló,
de un muchacho decidido que la vida no domó.
Apenas la adolescencia el destino le marcaba,
cuando el calor de su madre de la nada le faltaba.
Se quedó con su hermano, casi de la misma edad,
y una hermanita de tres años, su mayor debilidad.
Le tocó meterle el pecho, ser el hombre del hogar,
con tres años la pequeña, no la podían descuidar.
El tropiezo y el juicio
El camino se puso duro y el mundo lo juzgó mal,
por andar con camaradas de conducta muy fatal.
La justicia no perdona y tres días tras las rejas vio,
un error de juventud que la mente le aclaró.
Gracias a Dios que su abuelo las manos ahí le metió,
lo sacó de aquel encierro y el muchacho reaccionó.
"Esas no son amistades", para adentro se dijo él,
Orangelo Fernández Solano, demostró de qué está fiel.
Dejó atrás las malas vibras, la espalda les dio a los falsos,
se puso a camellar duro, pa' no caminar descalzo.
De abajo empezó el progreso, las ganas no le faltaron,
y las puertas del éxito solitas se le abrieron.
Hoy trabaja para él mismo, nadie le viene a mandar,
lo que ayer fueron facturas, hoy es pauta pa' gastar.
Un hombre de mil principios, respetado donde va,
Orangelo Fernández, la sociedad lo sabe ya.
El presente y el éxito
Tiene buena solvencia, sus gustos sabe cumplir,
después de tanta tormenta, hoy le toca sonreír.
Viaja por muchos lugares, disfrutando su sudor,
un ejemplo para hermanos, lo logró con pundonor.
Orangelo Fernández Solano, el nombre de la lección,
el niño que quedó huérfano y hoy es todo un señor.
Ya se van las guitarras, el corrido va a terminar,
nunca juzguen el inicio si no ven el final.
Para su linda familia y quien lo vio batallar,
Orangelo Fernández solano es el espejo donde se deben mirar.