Flor, maestra de historia,
con tu voz llena de memoria,
hablas de Cuba y su pasión,
como si vivieras cada revolución.
Con tizas y fechas en la mano,
corriges fuerte, temprano,
si alguien habla sin razón,
ahí llega tu gran sermón.
Ay Flor, siempre quieres ganar,
ningún debate puedes soltar,
pero aunque regañas sin parar,
todos te llegan a admirar.
Sabes de héroes y batallas,
de mapas, guerras y murallas,
y aunque asusta tu mirar,
nadie te puede igualar.
Cuando dices “¡eso está mal!”
tiembla entero el salón escolar,
pero después, con tu saber,
nos haces el mundo entender.
Ay Flor, reina del pizarrón,
guardiana de cada lección,
entre regaños y verdad,
quedas en la memoria de la ciudad.