[Intro]
Velas tiemblan en la penumbra de la habitación, susurros de la noche se acercan a la guitarra.
[Verse 1]
La mujer afina su guitarra, cada cuerda late como un suspiro de luna.
Su voz, suave caricia, dibuja constelaciones en el aire, y el silencio se inclina a escuchar.
Las notas caen como lluvia de plata, envolviendo la piel en un terciopelo de ardor.
[Chorus]
En esta velada, la noche se vuelve latido, y tú te pierdes en mi mirada.
Cada acorde te lleva más profundo, donde el tiempo se disuelve en calma y paz.
La luz de las velas nos nombra con destellos suaves, y el mundo se queda afuera.
[Verse 2]
Tus dedos recorren las cuerdas, y la melodía se vuelve humo de estrella sobre la piel.
Con cada verso, nace un susurro que sabe a promesa y a regreso a casa.
La habitación se llena de un mar de suspiros, cálidos como un abrazo sin límite.
[Chorus]
En esta velada, la noche se vuelve latido, y tú te pierdes en mi mirada.
Cada acorde te lleva más profundo, donde el tiempo se disuelve en calma y paz.
La luz de las velas nos nombra con destellos suaves, y el mundo se queda afuera.
[Bridge]
Si la luna cede un acorde, lo guardo en el pecho como un secreto encendido.
Que la guitarra sea puente entre dos almas, un susurro que jamás se apaga.
[Chorus]
En esta velada, la noche se vuelve latido, y tú te pierdes en mi mirada.
Cada acorde te lleva más profundo, donde el tiempo se disuelve en calma y paz.
La luz de las velas nos nombra con destellos suaves, y el mundo se queda afuera.
[Outro]
Cuando caiga el último acorde, la noche nos quedará en la piel, tibia y eterna.