CAPRICORNIO:
Yo escalo la montaña sin mirar atrás,
paso a paso, año a año, sin descansar.
No necesito aplausos, no busco emociones,
construyo mi reino con pura dedicación.
CAPRICORNIO:
Mis cuernos son de roca, mi temple es glacial,
el tiempo es mi aliado, la paciencia es mi diosa.
Corres rápido, carnero, pero yo llego igual,
tu fuego se apaga, mi hielo no se agota.
ARIES:
¿Que escalas lento? ¡Eso es aburrir!
Yo voy a los golpes, prefiero morir.
Tu paciencia es trampa, tu hielo es temor,
a mí no me asusta ni Dios ni el dolor.
ARIES:
Mis cuernos son fuego, mi impulso es trueno,
no sé construir, pero rompo el encierro.
La montaña se tiembla si paso por ella,
tu castillo de arena no puede con mi estrella.
CAPRICORNIO:
Castillo de arena dices, y el tuyo de humo.
Tu fuego no quema si no hay mundo a tu alrededor.
Yo gobierno las cumbres, tú solo te consumas,
soy el arquitecto, tú solo eres consumo.
ARIES:
¡Consumo lo viejo para hacerlo nuevo!
Tu orden aburre, yo creo en lo imprevisto.
Tu montaña más alta es un muro, un relevo,
prefiero caer mil veces a vivir sin riesgo ni motivo.
CAPRICORNIO:
Mi legado es piedra, el tuyo ceniza.
Mis años construyen, tus días destruyen.
Cuando tu llama muera y tu nombre no te eriza,
mis cuernos seguirán donde los siglos huyeron.
ARIES:
Pero mientras yo arda, el mundo me sigue,
tu montaña se agrieta si mi pueblo la pisa.
Mi fuego no es solo impulso, es semilla,
y tu reino de piedra algún día se extingue.