El sol brilla sobre el asfalto seco,
huele a gasolina, a calor y a fuego,
el motor espera, callado y discreto,
listo para irse cruzando el suelo.
ESTROFA 1
Aquel viejo auto de chapa azul,
que me enseñó a andar, paso a paso,
lo arreglé con fe, con paciencia y azogue,
hasta que rugió con gran rebato.
Tenía rasguños en el capó,
y el volante un poco desgastado,
pero al arrancar, sentí el corazón,
que latía fuerte, muy entusiasmado.
ESTROFA 2
Luego llegó la bestia afilada,
cortando el viento con su silueta,
llantas anchas, pintura lustrada,
faros que brillan como cometa.
El motor ruge, un grito profundo,
cuando piso fuerte el acelerador,
dejando atrás rutas y mundo,
llevando adentro todo mi amor.
ESTRIBILLO
¡Que ruede el auto, que suene el motor,
que rime el viento con mi pasión!
Por cada curva, por cada rincón,
va mi camino y mi corazón.
¡Que ruede el auto, que vuele el ruido,
que el asfalto se quede vencido!
No hay nada igual, ni nada querido,
como este viaje que ya ha nacido.
ESTROFA 3
También está la camioneta fuerte,
que cruza ríos y sube montaña,
donde el camino se vuelve corte,
ella no para, nunca se baña
de miedo o duda, sigue adelante,
cargando sueños y mucho esfuerzo,
por tierra y piedra, por todo instante,
siempre fiel, desde el primer empujón.
ESTROFA 4
Hay noches que salgo a recorrer,
bajo la luna y las estrellas,
el escape empieza a mecer,
mis recuerdos, que son tan bellos.
Amigos que iban en la parte trasera,
carreras sin premio, solo risa,
el tiempo pasa, pero no muere,
este lazo que nunca se pisca.
ESTROFA 5
Cada rasguño es una historia,
cada mancha de grasa es honor,
no es solo hierro, es mi memoria,
mi compañero, mi gran valor.
Me ha visto alegre, me ha visto triste,
me ha llevado lejos sin preguntar,
cuando el camino se pone difícil,
él me dice: "vamos, no te pares".
ESTRIBILLO
¡Que ruede el auto, que suene el