Padre mío, en la penumbra te pienso,
tu voz se me quiebra en el silencio.
Las paredes frías guardan tu dolor,
y yo me consumo en esta prisión sin barrotes.
Injusto destino que te arrebató la vida,
te arrancó del mundo, te robó la salida.
Tu mirada cansada aún me acompaña,
como un faro apagado que nunca se engaña.
Sombras de tu ausencia me ahogan cada día,
lloro tu condena, lloro tu agonía.
El mundo te acusa, pero yo sé la verdad,
padre inocente, tu alma nunca dejará de brillar.
Recuerdo tus manos, refugio y consuelo,
hoy sólo me queda rezar por tu cielo.
La injusticia pesa más que mil cadenas,
pero tu nombre vive en mis venas.
Sombras de tu ausencia me ahogan cada día,
lloro tu condena, lloro tu agonía.
El mundo te acusa, pero yo sé la verdad,
padre inocente, tu alma nunca dejará de brillar.
Y aunque la vida te encierre sin razón,
yo cantaré tu nombre con todo mi corazón.
Padre mío, escucha mi voz quebrada,
eres libre en mi canto, aunque el mundo te calla…