Ajá... siéntate, iluminado. Lección uno: cállate y escucha.
Esto no es terapia, es cirugía sin anestesia.]
Llegas con la corona de papel de aluminio,
te crees emperador y eres becario del raciocinio;
predicas "manifestación" como secta de TikTok,
pides al universo lo que no te ganas con sudor honesto.
Marco Aurelio escribía pa' sí mismo, sin cámara,
tú grabas tu "rutina estoica" pa' que el algoritmo te aplauda;
qué irónico el monje con anillo de marca,
qué cínico el "wise man" llorando si el Uber se tarda.
Dices "yo controlo mi energía, mi vibra, mi centro",
pero un comentario en Twitter te disuelve por dentro;
Epicteto te avisó —tu cuerpo no es tuyo,
ni tu fama, ni tu casa, ni el "like" que persigues con orgullo.
Lo único tuyo es el juicio, el filtro, la lente,
y la pones empañada, sucia, dependiente;
exiges que el mundo se incline a tu antojo,
y te rompes como vidrio si la lluvia te moja.]
No es el hecho, es tu juicio el que te entierra (entierra),
no es la herida, es el sentido que le aferras (aferras);
suelta el mando, deja el drama, baja el tono (tono),
en tu mente está el reino, lo demás es préstamo (préstamo, préstamo...).]
"Me ofendieron"... no, campeón, tú te ofendiste,
le entregaste la llave de tu paz al que te embistes;
un insulto es aire con vocales, ruido, viento,
tú lo conviertes en daga, tú lo cargas adentro.
Buscas "vivir tu verdad" sin haberla examinado,
repites frases de Séneca con el alma alquilada;
postureas con la muerte como tatuaje de moda,
"memento mori" en la piel, y te pudre que envejezcas toda.
Quieres estoicismo light, sin renuncia ni ayuno,
quieres ser Diógenes con jacuzzi y desayuno;
no funciona así, fenómeno, el barril no negocia,
o aceptas la intemperie o te ahogas en tu propia euforia.
La vida te da el papel —cojo, rey, mendigo, ruina—
tu trabajo no es elegir, es actuar con doctrina;
no te quejes del libreto, no insultes al guionista,
representa con honor aunque el público no exista.
No es el hecho, es tu juicio el que te entierra,