Después de la tormenta, cuando todo se nubló,
cuando el cielo se hizo oscuro y el alma se quebró,
llegaron dos luceros a cambiarlo todo aquí,
Diego y Joselin, mis niños, mi razón para vivir.
Diego el primero, con su risa sin igual,
Joselin la niña, suavecita, angelical.
Dos pedazos de mi vida, dos motivos para andar,
los que sanaron las heridas que no podía cerrar.
DIEGO Y JOSELIN, MIS DOS LUCES,
LOS QUE CAMBIARON MIS CRUCES.
CADA DÍA CON USTEDES ES UN REGALO,
MI CORAZÓN POR USTEDES LATE EN ALTO.
Diego corre y salta, no para de preguntar,
Joselin observa, aprende, comienza a gatear.
Dos años y un añito, toda vida por delante,
yo aquí, agradecido, de padre vigilante.
Hubo un tiempo de silencio, de dolor y de perdón,
cuando el cielo se llevó un pedazo del corazón.
Pero llegaron ustedes y entendí por qué,
la vida a veces quita para después volver a dar el doble de bien.
Diego dice "papá" y el mundo se detiene,
Joselin sonríe y hasta el aire se sostiene.
No hay tesoro más grande, no hay mayor riqueza,
que verlos crecer conmigo, con toda su pureza.
DIEGO Y JOSELIN, MIS DOS LUCES,
LOS QUE CAMBIARON MIS CRUCES.
CADA DÍA CON USTEDES ES UN REGALO,
MI CORAZÓN POR USTEDES LATE EN ALTO.
Cuando tengan miedo, cuando tengan dudas,
recuerden que su padre siempre les echa una.
Cuando el mundo apriete, cuando todo pese,
aquí estoy con ustedes, porque el amor no pesa.
Quiero verlos grandes, quiero verlos volar,
quiero estar con ustedes en todo lugar.
Diego, Joselin, mis niños queridos,
los que sanaron todo lo que estuvo herido.
Diego y Joselin, mis dos luceros,
los que me enseñaron a querer de verdaderos.
Siempre en mi pecho, siempre en mi canción,
mis niños, mis amores, mi mayor don.