(Intro)
Navegando por la ciudad pasada la madrugada,
mi guitarra a cuestas, escuchando a Sabina
filosofando lo nuestro
(Verse 1 )
Las farolas son lunas de mentira
que dibujan sombras largas como excusas.
Tu recuerdo es un taxímetro que corre sin destino,
y yo, un peatón perpetuo en este laberinto de esquinas.
La noche pesa igual que un abrigo mojado,
y cada paso que doy es un adiós pronunciado a medias.
( Chorus)
Y tu amor fue un tren sin horario,
un paraguas roto en pleno enero,
como un verso que nunca terminó.
Nos quisimos con la prisa del que sabe que se acaba,
y ahora duermo con tu eco en la almohada,
como ese acorde que nunca desafino.
(Verse 2 )
El asfalto huele a lluvia reciente y a tu ausencia,
cada semáforo en rojo es un no que rebota en las paredes.
Tus manos eran dos palomas que escaparon de la jaula,
y mi pecho, una jaula todavía abierta.
En esta noche hipoteca de los sueños,
la ciudad es un barco que zozobra sin tu pecho.
(Chorus)
Y tu amor fue un tren sin horario,
un paraguas roto en pleno enero,
como un verso que nunca terminó.
Nos quisimos con la prisa del que sabe que se acaba,
y ahora duermo con tu eco en la almohada,
como ese acorde que nunca desafino.
(Verse 3)
A cuentagotas va cayendo la certeza:
no hay faro en esta costa sin tu espalda.
La madrugada es un espejo que empaña
la foto borrosa de una calle compartida.
Metáfora de barro: fui tu naufragio preferido,
pero hasta los barcos saben que el puerto no es el centro.
( final verse)
Navegando por la ciudad pasada la madrugada,
mi guitarra a cuestas, escuchando a Sabina
filosofando lo nuestro…
Y qué bien que Sabina me entiende,
porque el amor que no duele es un verso sin ritmo.