Parece que fue hoy mismo cuando te fuiste,
el reloj de mi alma se congeló,
ya van tres meses, mi Sandra Mildred,
desde que el cielo tu vuelo reclamó.
Miro hacia arriba buscando tu mirada,
y una lágrima amarga quema mi piel,
fueron tus pasos dejando una huada,
que ni la muerte borrará, mi Sandra Mildred.
Qué difícil es mirar tu silla vacía,
y tragarme el llanto frente a los demás,
tú fuiste el orgullo de la vida mía,
y aunque no te vea, sé que me cuidarás.
La casa está muda, le falta tu risa,
pero en cada rincón te logro sentir,
eres el susurro que trae la brisa,
el motor que me obliga a seguir.
¡Ay, mi muchachita, cómo me haces falta!
Tu viejo te extraña con el alma rota,
pero hasta la cumbre que hoy a ti te exalta,
te mando este canto en cada nota.
Vuela muy alto, mi reina sagrada,
que aquí en la tierra nada te olvidó,
serás por siempre mi hija adorada...
¡El pedazo de alma que Dios me prestó!
Dicen que el tiempo va curando la herida,
pero este dolor no sabe de fechas ni de mes,
fuiste la luz más bonita de mi vida,
y te juro que al cielo te miraré otra vez.
Llevo tu nombre grabado en el pecho,
Balmaceda de mi sangre, mi gran bendición,
hoy miro al firmamento, busco tu techo,
y te entrego enterito mi corazón.
¡Ay, mi muchachita, cómo me haces falta!
Tu viejo te extraña con el alma rota,
pero hasta la cumbre que hoy a ti te exalta,
te mando este canto en cada nota.
Vuela muy alto, mi reina sagrada,
que aquí en la tierra nada te olvidó,
serás por siempre mi hija adorada...
¡Tu padre te ama y jamás te olvidó!
en el cielo y en mi mente, mi Sandra Mildred.