No crecimos juntos desde la niñez,
la vida tenía otro plan para los dos.
Nos cruzamos entre pasillos de un colegio,
sin saber que ahí empezaba lo mejor.
Después cambié de turno y cambió el horario,
vos a la tarde y yo al amanecer.
Pero nunca hicieron falta las distancias,
porque un mensaje nos volvía a encontrar otra vez.
Charlas que duraban hasta cualquier hora,
risas que curaban el peor día.
Sin darme cuenta, te volviste ese lugar
donde nunca quiese salir.
Porque sos mucho más que un amigo,
sos el hermano que Dios me regalo.
El que me levanta cuando estoy caída,
el que me recuerda todo lo que valgo yo.
Y aunque una vez nos hallamos separado,
el destino nos volvió a juntar.
Hoy doy gracias a Dios por tenerte,
porque nuestra amistad no se va a quebrar y va a durar para siempre.
Cuando mis problemas pesan demasiado,
vos encontrás la forma de escuchar, sin juzgar.
Con una palabra, un chiste o un abrazo,
siempre conseguís hacerme respirar y sanar.
Nunca dejás que dude de mí misma,
me enseñaste a volver a confiar, en mí
Y si hoy sonrío un poco más seguido,
es porque vos me ayudaste a llegar a esa felicidad.
No hacen falta promesas eternas,
ni decir quién tiene la razón.
Mientras sigamos cuidando esta amistad,
siempre vas a tener mi corazón.
Porque sos mucho más que un amigo,
sos mi familia sin compartir un apellido.
Gracias por quedarte, por nunca rendirte,
por volver cuando parecía perdido.
Y si algún día cambian los caminos,
quiero que recuerdes esta canción:
que en cada recuerdo de mi vida,
vas a ser mi hermano del corazón. Gracias por todo Rodri te ama Maite tú hermana favorita.