Tenía un rincón bajo candado,
un pedazo de mí que quedó sepultado.
Le había puesto tierra, olvido y rutina,
para que no doliera más la espina.
Pensando que el amor por una mujer sería una cruz,
una que lamentablemente me puso una mujer sin luz.
Pero entraste vos, sin pedir permiso,
rompiendo el invierno que el pasado hizo.
Con esa luz tuya, tan pura, tan clara,
la que vi de frente y nunca me juzgó la cara.
Y de pronto el cemento empezó a ceder...
lo que daba por muerto volvió a nacer.
Y sos el latido que creí perdido,
el cable a tierra de este amor herido.
Me hacés sentir viva, de forma inexplicable,
un incendio hermoso, sagrado, imparable.
Desenterraste la parte de mí que apagué,
la que por miedo un día sepulté.
Y hoy, mirándote, entiendo por fin...
que valió la pena volver a sentir el amor por una mujer.
No es solo quererte por cómo me mirás,
es la paz que me dejás cada noche que dejamos atrás.
Esa parte mía que estaba dormida,
hoy se despierta y celebra la vida.
Es tu magia intacta, tu forma de ser,
que me desarma toda y me hace creer.
Le puse mil llaves al contenedor,
firmé la renuncia de cualquier dolor.
Pero llegaste con tu risa, tu calma, tu fe,
y lo que estaba enterrado, de golpe de pie.
¡Me salvaste de mi propio olvido y borraste mi dolor!
Porque sos el latido que creí perdido,
el cable a tierra de este amor herido.
Me hacés sentir viva, de forma inexplicable,
un incendio hermoso, sagrado, imparable.
Desenterraste la parte de mí que apagué,
la que por miedo un día sepulté.
Y hoy, mirándote, entiendo por fin...
que valió la pena volver a sentir el amor por una mujer.
Acá estoy... completa, sin tanto armazón.
La perfecta imperfección de mi corazón.
Esa parte mía que estaba enterrada...
hoy vive en tu mirada.
ahora y siempre late y palpita cada instante por vos.