(Verso 1)
El sol se esconde tras el monte, despacio,
pintando de naranja este vacío espacio.
Mil cabezas doradas se inclinan al suelo,
parecen rezar por un rastro de tu consuelo.
Aquí el viento no sopla, solo suspira,
mientras mi sombra, cansada, de ti se retira.
(Coro)
Y me quedo aquí, en este mar de girasoles,
donde se mueren los sueños y los girasoles.
La tarde me pesa como un siglo de ausencia,
buscando en el polen un poco de tu presencia.
Qué inmenso es el campo, qué corta es la vida,
cuando se mira el mundo desde una herida.
(Verso 2)
Recuerdo tus manos rozando las flores,
cuando el mundo tenía otros mil colores.
Ahora el amarillo me sabe a nostalgia,
a un truco de magia que perdió su magia.
Cada tallo que dobla su espalda al poniente,
es un "te extraño" que grito en mi mente.
(Puente)
¿A dónde miran cuando el sol ya no está?
¿A dónde miro si ya no volverás?
Me mimetizo con el tallo y la espina,
mientras la noche mi alma termina.
No hay brújula en este horizonte de oro,
solo el silencio de todo lo que añoro.
(Verso 3)
Ya no hay luz que seguir, solo sombras que crecen,
los recuerdos más dulces aquí se oscurecen.
Si los girasoles supieran de penas,
romperían sus raíces, soltando sus cadenas.
Pero ellos esperan que el día despunte,
mientras yo espero que el dolor se desmonte.
(Coro)
Y me quedo aquí, en este mar de girasoles,
donde se mueren los sueños y los girasoles.
La tarde me pesa como un siglo de ausencia,
buscando en el polen un poco de tu presencia.
Qué inmenso es el campo, qué corta es la vida,
cuando se mira el mundo desde una herida.
(Outro)
Se apagó el horizonte, ya no hay más color,
solo queda el perfume de un viejo dolor.
Girasoles dormidos, cielo de carbón...
qué solo late hoy mi corazón.