[Intro]
(Melancólico solo de piano, lento y pausado)
(Entra un violín suave y triste)
[Verso 1]
El peso de mis faltas cae sobre mí,
en este desierto que yo mismo construí.
Mis ojos se cansan de tanto llorar,
en medio del polvo, no puedo cantar.
Se apaga la luz, me abraza el temor,
reconozco la culpa de mi gran error.
[Coro]
Por la misericordia de Dios no morí,
aunque en la tormenta mi fe la perdí.
Sus compasiones no tienen final,
son nuevas cada mañana en mi mal.
Grande es tu fidelidad, oh Señor,
mira mi alma vestida de dolor.
[Verso 2]
Es bueno esperar en silencio tu voz,
salvación que proviene del Dios del amor.
El suelo que piso hoy se quebrantó,
el yugo en mi cuello mi fuerza quitó.
Pongo mi boca directo en el polvo,
buscando el perdón que tanto añoro.
[Coro]
Por la misericordia de Dios no morí,
aunque en la tormenta mi fe la perdí.
Sus compasiones no tienen final,
son nuevas cada mañana en mi mal.
Grande es tu fidelidad, oh Señor,
mira mi alma vestida de dolor.
[Puente]
(La música sube de intensidad, el violín llora con fuerza)
Porque el Señor no desecha para siempre,
aunque cause tristeza, su amor es clemente.
Él no aflige de mala gana a los hombres,
Él cura las almas que olvidan sus nombres.
[Outro]
Regreso a tus pies... con el corazón roto.
Sáname tú... que mi orgullo está muerto.
(El piano se desvanece lentamente en una nota baja)
[Final]