María se despierta con el pie izquierdo al sol,
no le hables, no la mires, es un huracán español.
Se tapa con la sábana, se tira a la pared,
y el café humea solo esperando su fiereza, su querer.
A las 7 de la mañana no hay quien la pueda ver,
su cara es un poema de odio y amanecer.
"Ay, déjame, ay, no me hables, que hoy no quiero ni existir",
y media hora después te pide un beso y un abrir.
MARÍA, LA TORMENTA DE LA MAÑANA,
LA QUE SE RÍE DE SU PROPIA GANA.
DICE QUE LA ODIA TODO Y A TODOS,
PERO EN EL FONDO ES PURO MODOS.
Terca como una mula, pero buena como el pan,
pelea por su libertad, quiere volar, quiere estar.
Es la etapa más difícil, lo sabemos bien,
pero cuando ríe se le olvida hasta el cordón del sostén.
Se pone seria si le dices "oye, ven",
te suelta un "déjame" que da miedo, que es placer.
Pero cinco minutos después la ves reír,
viendo TikToks de gatitos sin poderla detener.
MARÍA, LA TORMENTA DE LA MAÑANA,
LA QUE SE RÍE DE SU PROPIA GANA.
LE HABLAS DE AMOR Y TE SALE CORRIENDO,
PERO A LA TARDE TE DA UN ABRAZO MIENTRAS VES EL CIELO.
Tiene 14, casi 15, una guerra que libra a solas,
entre no ser niña, no ser adulta, entre las olas.
Nos reta porque quiere, porque siente, porque es libre,
y aunque a veces desespera, nadie como ella sabe sonreír.
Mamá se desespera, yo me quedo a mirar,
sé que esta tormenta un día va a calmar.
Mientras tanto, reímos de sus gestos, de su andar,
de esa cara de odio que se vuelve risa sin avisar.
María, María, la que ruge al despertar,
la que pide libertad pa' volar.
Terca, buena, única, real,
con sus mañanas de tormenta y sus tardes de paz. 🎶🌪️