[Intro]
En el silencio de la noche, una pregunta resuena, sin prisa.
[Verse 1]
¿Quién midió las aguas con la palma, el cielo con la mano abierta?
Tres dedos juntaron polvo de la tierra, pesaron montes y collados sin peso propio.
[Chorus]
¿Quién puede enseñar al Viajero del Universo? ¿Quién le da consejo al antiguo Creador?
Ninguno está por encima, ningún reloj marca su tamaño.
[Verse 2]
Las naciones son como gotas; polvo es la balanza cuando se las mira.
El Líbano no arde suficiente para su fuego, ni los animales bastan para un sacrificio.
[Chorus]
¿Quién puede comparar al Infinito? ¿Qué imagen podría sostener su grandeza?
El artesano talla, el platero viste de oro, y aun así, todo es nada ante Él.
[Bridge]
A quién le pediría juicio, a quién enseñaría camino o ciencia,
si el Espíritu de Jehová pregunta y responde con el mundo entero de prueba.
[Verse 3]
El mundo gira en su mano, la prudencia se abre camino a su voz,
y cada pregunta encuentra su límite en la inmensidad del Creador.
[Chorus]
¿Quién podría medir lo que no tiene medida? ¿Quién podría sostener lo inalcanzable?
Nadie, nadie es igual al Ser que hizo los cielos y la tierra.
[Outro]
Así quedan las preguntas: en la sombra del todo, la respuesta es la grandeza sin fin.