Astreo caminaba por el borde de un mundo oscuro cuando encontró una pequeña piedra que brillaba. Al tocarla, la piedra no solo le dio luz, sino que le otorgó el poder de convertir sus palabras en realidad.
Desde ese día, Astreo ya no habla con sonidos, sino con estrellas: cada vez que abre la boca, el cielo se ilumina de nuevo.