Un niño pequeño con un sueño en los pies,
cruzando fronteras, manteniendo la fe.
El camino era duro, el destino incierto,
con obstáculos grandes en un mundo desierto.
Las dudas gritaban, la crítica dolía,
pero en su mirada una llama aún ardía.
No importa cuántas veces te caigas en el suelo,
lo que cuenta es la fuerza para volver al cielo.
Que el miedo no te frene, que no te detenga la duda,
que la voluntad sea tu luz más aguda.
¡Levántate, Messi, no dejes de luchar!
Que el mundo entero te vea brillar.
Porque el sueño no muere si hay corazón,
y la gloria se alcanza con pura pasión.
Sin rendirse jamás, con la frente en alto,
escribiendo la historia en cada salto.
Hubo noches de sombras, de derrotas amargas,
de sentir que las metas se volvían muy largas.
Pero el genio no sabe de rendición,
él transforma el esfuerzo en pura perfección.
Cada lágrima vertida fue el riego necesario,
para escribir el capítulo de un mito extraordinario.
La corona llegó tras la gran tempestad,
demostrando que el triunfo es fruto de la verdad.
Que si persigues tu meta con fe y con tesón,
el universo entero te rinde su adoración.
¡Levántate, Messi, no dejes de luchar!
Que el mundo entero te vea brillar.
Porque el sueño no muere si hay corazón,
y la gloria se alcanza con pura pasión.
Sin rendirse jamás, con la frente en alto,
escribiendo la historia en cada salto.
Un sueño cumplido, una leyenda eterna,
la luz que en la cancha siempre nos gobierna.
No te rindas... nunca te rindas.