El mundo solo compra la mirada que brilla,
nadie quiere ver al fuerte con la frente en la rodilla.
Nos pusimos la armadura que otros nos diseñaron,
y nos tragamos los "lo siento" que nunca nos llegaron.
Vas cargando con las penas de toda la estructura,
mientras por dentro se agrieta la cordura.
Qué fácil es juzgar desde la superficie,
en esta vida plástica donde todo es apariencia.
Te ven firme en el centro de la tormenta,
pero nadie se sienta a sacar la cuenta...
de cuántas noches en vela te costó esa sonrisa,
de cómo el alma se cansa cuando va tan de prisa.
Porque los fuertes también se caen,
y también se vale llorar.
Las lágrimas no son barros,
son ríos que buscan su mar.
No hay que pedirle permiso a la tristeza,
hoy se vale bajar la cabeza,
aceptar que duele el tramo,
y gritar que somos humanos.
Gente que te aplaude cuando estás en la cima,
pero el frío de abajo nadie te lo camina.
Escondemos el luto detrás de un buen vestido,
con el pecho rompiéndose en un leve gemido.
Nos volvimos expertos en fingir que no pasa nada,
con el alma desnuda y la mirada cansada.
Y se siente tan sola la cima del fuerte...
donde todos esperan que los salves de su suerte.
Pero hoy la espalda no puede con tanto,
hoy cambio el orgullo por un limpio llanto.
Que caiga la máscara, que se note la herida,
que no somos de piedra en esta corta vida.
Llorar no es derrota, es tomar un respiro...
para volver a empezar con el último suspiro.