Es el poder que no tiene fin...
No es un Saiyajin, es algo más grande...
Escucha.
Inicia la batalla desde el día en que nacemos,
un camino de obstáculos donde a veces nos perdemos.
No hace falta un radar para encontrar esa energía,
es la luz de una madre que nos guía en la agonía.
Ella es el aura pura que te cubre en el invierno,
un amor que es sagrado, un instinto que es eterno.
Como el choque de dos mundos, ella aguanta la presión,
pone el pecho ante las balas, nos entrega el corazón.
¡Es su fuerza! ¡Es su entrega! ¡Un poder que no se agota!
Si el mundo se nos cae, ella nunca se derrota.
Más allá del horizonte, superando cualquier límite,
es la mano que te salva antes de que el miedo te marchite.
¡Es madre! La guerrera que no usa armadura,
la que cura tus heridas con su voz y su dulzura.
No hay técnica prohibida que supere su paciencia,
nos enseñó a luchar, nos marcó con su presencia.
Aunque el cielo se vuelva negro y el destino sea cruel,
ella es el refugio firme, ella siempre nos es fiel.
Como un guerrero que despierta un poder interior,
una madre saca fuerzas del cansancio y del dolor.
No hay batalla que la venza, no hay muro que no derribe,
por sus hijos da la vida, por sus hijos ella vive.
Porque el poder más grande... no está en los puños.
Está en el amor de quien te dio la vida.
Gracias, mamá.