(Verso 1: La fachada de Nueva York)
Crecí entre rascacielos y un apellido de cristal,
Conrad me dio su nombre, pero no el rastro real.
Leonor guardó el silencio en un pacto de porcelana,
mientras Londres me esperaba en cada luz de la mañana.
Harry me mira y ve un cielo sin nubarrones,
un primo, un amigo, el dueño de sus ilusiones.
(Coro: La dualidad de Dorian)
Soy el Príncipe de Marfil, belleza que congela,
el secreto de una estirpe que en la sombra se desvela.
En el trono de mi alcoba, las máscaras se caen,
mientras Arturo y Ricardo de mi sangre se distraen.
Soy el tío, soy el amante, la pieza que no encaja,
una corona de espinas que bajo el pecho se relaja.
(Verso 2: El juego de Ricardo y el Padre Elías)
Ricardo me viste de seda, de encaje y de pecado,
su "diamante privado", por su propio hijo ignorado.
Y en la penumbra del templo, donde el incienso marea,
el Padre Elías se dobla, pues mi cuerpo es su tarea.
Bautizado en su culpa, corrompido en su fe,
manejo los hilos de un mundo que no sabe lo que ve.
(Puente: El secreto del Rey Arturo)
Gris acero en mis ojos, el reflejo de una traición,
Arturo me mira de lejos con la paz de un viejo león.
No soy un Croft, no soy plebeyo, ni una simple inversión,
soy el Windsor prohibido, la verdadera sucesión.
Harry me jura amor, ignorando la verdad,
que duermo con su padre en la más absoluta oscuridad.
(Coro Final)
Soy el Príncipe de Marfil, nobleza y tempestad,
el peso de las sombras es mi única libertad.
Ante el mundo soy el ángel que Harry quiere besar,
pero en las venas del palacio, yo soy el que va a reinar.