Hoy les contaré la historia,
de un joven que vio su final,
pero el destino en memoria,
le tenía otra gloria que dar.
Allá en las tierras latinas,
siempre listo pa’ pelear,
con mirada fría y divina,
a más de uno pudo tumbar.
Dicen que el fuego en su pecho,
no era rabia, era verdad,
peleaba firme y derecho,
no buscaba fama ni más.
Sus sentimientos lo guiaron,
caros le iban a costar,
por un hermano pelearon,
y la riña empezó a escalar.
La pelea fue creciendo,
una puñalada guardó,
su sangre se fue corriendo,
y su amigo lo abandonó.
Dicen que el suelo temblaba,
cuando su cuerpo cayó,
y en su mirada cansada,
la traición se reflejó.
Por allí pasó una chiquilla,
y al joven lo socorrió,
lo dieron todos por muerto,
pero su cuerpo no apareció.
En el hospital lo salvaron,
y la venganza deseó,
pero la chica le habló claro:
“Al hierro matas, al hierro mueres,
no seas cabrón, escucha mi voz.
El joven no hizo caso,
apenas sano partió,
en callejones oscuros,
la pelea con su amigo estalló.
De ese joven se contaba,
que en esa riña murió,
pero la verdad callada,
era que su amada lo fugó.
Hermano escucha esta historia,
no dejes la rabia mandar,
que tu vida y tu memoria,
se pueden perder al actuar.