(Introducción - Piano o guitarra suave, arpegios)
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(Verso 1 – La hermana mayor canta suave, como contando un secreto)
Cuando el sol se asoma y tú estás despierta,
yo tomo tu mano, pequeña y tan tierna.
El camino es largo, pero no hay temor,
pues Jesús nos cuida con su gran amor.
No importa que yo sea un paso más alto,
ni que tú camines con pasos más cortos.
Aquí en Su presencia, las dos somos igual,
dos hijas queridas que aprenden a amar.
(Coro – Las dos juntas, en un dúo suave, sin subir el volumen)
Caminamos juntas, de la mano de Dios,
Él guía nuestros pasos, escucha nuestra voz.
No hace falta gritar ni llegar al cielo,
Él vive en mi pecho, Él vive en tu suelo.
Y al andar despacio, sin prisa ni afán,
Su amor nos abraza y nos lleva en paz.
(Verso 2 – La hermana pequeña responde, con inocencia)
A veces me caigo, me siento pequeña,
pero tú me dices: "Levántate, sueña".
Que al que es como un niño, Jesús lo acaricia,
y en su tierno manto no existe la prisa.
Aunque tú eres grande y yo soy la chiquita,
las dos en el alma tenemos la misma cita:
sentarnos a hablar con el Buen Pastor,
que escucha en silencio las dos con dulzor.
(Coro – Las dos juntas, misma melodía, aún más suave)
Caminamos juntas, de la mano de Dios,
Él guía nuestros pasos, escucha nuestra voz.
No hace falta gritar ni llegar al cielo,
Él vive en mi pecho, Él vive en tu suelo.
Y al andar despacio, sin prisa ni afán,
Su amor nos abraza y nos lleva en paz.
(Puente – Se miran, cantan a media voz, casi hablado)
Tú eres mi espejo, tú eres mi luz,
en cada oración nos juntamos las dos.
La grande sostiene, la chica sonríe,
y el cielo en la tierra se funde y se vive.
(Final – Unísono, pianísimo, como un arrullo)
Cuando el día caiga y llegue el final,
tú y yo, pequeñita, en un mismo hogar,
Jesús nos espera con brazos abiertos,
las dos compartiendo sus sueños