Cuando la vida apretaba y el sol no quería salir,
Tú fuiste el faro que usó mi alma para no naufragar.
En tus ojos encontré la fuerza para seguir,
Y en tu abrazo, el puerto seguro de mi caminar.
Porque en las buenas cualquiera se queda a celebrar,
Pero en las tormentas solo el amor real se sabe quedar.
Y tú has estado ahí, firme como una roca,
Con la palabra exacta saliendo de tu boca.
Por eso hoy te canto, Dineiby Franco, mi amor,
Dándote gracias por tu lealtad y tu dedicación.
Eres la bendición que Dios a mi vida mandó,
La compañera fiel que mi alma siempre soñó.
¡Gracias por tanto amor, mi Dineiby!
El acordeón sube de intensidad, celebrando la alegría de tenerla al lado, con notas brillantes y románticas.
Tu apoyo constante ha sido mi mayor motor,
Cuando caía, tus manos me volvían a levantar.
No me alcanzan los versos para explicar este amor,
Ni los días de la vida para podértelo pagar.
Por eso hoy te canto, Dineiby Franco, mi amor,
Dándote gracias por tu lealtad y tu dedicación.
Eres la bendición que Dios a mi vida mandó,
La compañera fiel que mi alma siempre soñó.
Fiel en todo momento, mi norte y mi guía...
Gracias por existir, Dineiby de mi vida.