Mírate ahí, con los ojos puestos en la pared
descifrando el silencio que hay en la sed.
Sentado en el borde de una cama que sabe esperar,
mientras afuera el mundo no deja de girar.
Te hablo a ti, al que se siente pequeño hoy,
al que se pregunta constantemente "¿quién soy?".
Sé que el peso en los hombros se siente real,
como un invierno largo que no tiene final.
Hay días en que el aire se vuelve de plomo
y no encuentras el rastro, ni el cuándo, ni el cómo.
Las manos vacías pero el pecho cargado,
caminando una ruta que otros no han trazado.
No es que falte el camino, es que sobra la niebla,
y a veces la duda es la luz que nos puebla.
Pero escucha el latido, sigue siendo el mismo,
un puente de fe sobre el abismo.
Que la calma te encuentre aunque el paso sea lento,
que guardes el fuego para cada momento.
No es lo que falta, es lo que llevas por dentro,
el eje que aguanta este fuerte movimiento.
Y ahora escúchame bien, que estas palabras son suyas,
antes de que el ruido de afuera las destruya.
Él pidió tiempo, pidió un espacio para observar,
cómo tus raíces empezaban a brotar.
Me dijo: "Dile que su sombra va a ser gigante,
que no se detenga, que siempre mire adelante".
Él quería ver el fruto de toda la siembra,
la madera fina de la que estás hecho, esa que no tiembla.
"Hijo, vas a ser grande y vas a dar mucho de ti,
aunque ahora el paisaje se vea gris por aquí.
Llegará el momento en que todo tenga un sentido,
y entiendas por qué este camino ha sido tan reñido.
No te canses de ser, no te canses de estar,
que el río más fuerte siempre llega hasta el mar.
Entenderás los silencios, entenderás la espera,
y por qué la verdad es tu mejor bandera".
Siento su rastro en la forma en que aprietas los dientes,
en esa manera de ser tan resiliente.
Pequeño yo, escucha la voz que te guía,
la que te cuenta que habrá una nueva alegría.
Lo que él te dijo se cumplirá en su momento,
solo manté