Abrazándonos en la noche de invierno,
bajo el manto de un frío silencio,
tus besos con sabor a miel me envuelven,
mientras el mundo se detiene en tu aliento.
Tus abrazos son mi refugio seguro,
calor que disuelve cualquier tempestad,
en la calma de este abrazo tan puro,
encontramos nuestra propia eternidad.
El frío de afuera no puede alcanzarnos,
si en tu pecho encuentro mi hogar,
solo tú sabes cómo rescatarme,
y con tu dulzura enseñarme a amar.