Quiero dejar un mensaje,
voy claro, soy Jenny Reyes,
lo que aquí voy contando,
es lo que a ti te acontece.
Tal vez a alguien más le pasó,
aquel día que el doctor me sentenció,
con un cáncer muy avanzado,
que el destino me marcó.
Busqué varias opiniones,
pa’ ver qué esperanza daban,
pero el diagnóstico era el mismo,
la misma pena cargaban.
Un cáncer metastásico,
ya en los ganglios alojado,
inició en mi mama primero,
y el cuerpo había tocado.
Las probabilidades de vida,
no eran lo que se esperaba,
pero eso a mí, se los juro,
jamás a mí me asustaba.
En la vida hay algo seguro,
todos vamos al mismo lugar,
donde muchos ya se han marchado,
y nos toca después transitar.
Mi meta estaba muy clara,
el tratamiento enfrenté:
dieciséis quimioterapias,
y la cirugía de mama encaré.
Vinieron diecinueve radioterapias,
cuando todo parecía acabar,
menopausia provocada,
bloqueo de ovarios a enfrentar.
Trasplante de células madres,
pa’ una muerte más suave buscar,
pero Dios tenía otros planes,
y me dejó aquí caminar.
Me dejó vivir un tiempo,
pa’ despedirme y dejar una huella,
en mi país, con mis corridos,
historias reales que son mi estrella.
Ayudarles a comprender,
que la vida no está comprada,
gracias a Dios por el tiempo,
y esta paz bien alcanzada.
No vayan a decir: “ya volvió el cáncer”,
por andar bebiendo y gozando,
es que aprendí a controlar la mente,
y al cáncer lo voy dominando.
Los médicos dieron seis meses,
sin nada seguro al final,
buscaban una muerte digna,
pero Dios dio oportunidad.
Hice cosas que jamás imaginé,
con fuerza y fe, les digo hoy:
el cáncer no es el fin del camino,
es aprender donde estoy.
De algo igual me iba a morir,
por eso mi vida disfruté,
gracias a Dios por lo que me dio,
¡y hasta el cáncer, que así aprendí a ser feliz!