[Intro]
En la penumbra de la callejón, respiro hondo, estoy cansado.
Los adoquines guardan el peso de mi silencio.
[Verse 1]
Llego abatido, saco las sombras que me asedian, pero tú, la memoria, brilla como una farola lejana.
La pena se queda quieta, y ya no es toda mi voz, es un susurro que respira cuando pienso en ti.
[Verse 2]
Tu risa, clara como un vaso de agua en la sierra, me alcanza el alma y me ordena respirar.
Tu bondad parece un río que me limpia las piedras del pecho, y me invita a confiar.
[Pre-Chorus]
No te veo, pero te siento cerca, como un abrigo que no rompe el frío.
La imagen de tu mirada me regala milagros simples: un alivio sin preguntas.
[Chorus]
Me enamoro sin remedio cada vez que pienso en ti,
tu sonrisa abre camino en mi pecho cansado.
Si te imagino, la noche deja de ser peso, y el mundo parece nuevo.
Conozco este amor sin promesas míticas, solo verdadero.
[Verse 3]
Admiro tu serenidad, la forma en que das sin pedir, la risa que salta cuando el día está gris.
Admiro cómo tu mano podría sostener mi miedo sin decirme que todo estará perfecto.
[Bridge]
Si me preguntas por qué camino, respondo que voy hacia ti,
sin juramentos huecos, solo contigo, con un cariño claro, real.
[Chorus]
Me enamoro sin remedio cada vez que pienso en ti,
tu risa que me levanta cuando caigo otra vez.
Tu bondad es el faro que guía mis pasos, y yo quiero seguir.
Conoces mi dolor y lo vuelves luz, sin pedir nada a cambio.
[Outro]
Y así, en la callejón que fue frontera, mi corazón se queda a tu lado,
transformado en promesa simple: que te quiero, sin miedo al mañana.