Y para los que dicen que en mi país no tenemos derecho a vivir
bien,
aquí les dejo mi humilde opinión, para que entiendan de dónde vengo:
aunque la tierra esté seca y el trabajo sea duro
aquí el hambre no toca la puerta de ninguno, pues bendita sean las manos.
Los frutos de aquellos campos salvaron a muchos en tiempos de escasez,
sembramos con la esperanza y cosechamos con fe, una y otra vez.
Que la vida nos cambie el camino, no significa que la vida sea de algunos,
Nuestras raíces siguen firmes, de mi tierra no me olvido .
Que el campo sea motivo de orgullo, que se sienta en el pecho el valor,
que la gente del pueblo vea con respeto al humilde trabajador.
Porque el orgullo es de aquel que madruga, que trabaja parejo y sin fin,
cultivando la vida y el alma, en cada surco de este gran jardín.
No hace falta riqueza externa cuando la tierra nos da de su esencia,
somos gente de lucha y palabra, cargados de mucha paciencia.
El sol que nos quema la espalda es testigo de nuestra verdad,
somos campo que late constante, con ganas, con fuerza y voluntad.
Así que bajen la
voz
los que dudan, miren bien lo que el campo produce,
es el alma de nuestra nación, la llama que nunca se reduce.
Orgullo de ser campesino, con la frente en alto y el paso firme,
aquí sigo en mi tierra sembrando, y nadie me va a confundir ni a detener
Jenny Reyes