Caminaba con un peso en el costado,
como un verso que no sabe dónde terminar.
Buscaba respuestas en el lugar equivocado,
intentando descifrar cómo se debe amar.
Pero llegaste tú, sin avisar, sin manual,
poniendo orden a este caos tan natural.
(Coro)
Y entendí que tú eres mi mitad,
no porque me falte algo, sino por tu libertad.
Eres el espacio que mi mano busca al despertar,
la otra orilla exacta donde quiero descansar.
Mi mitad de mundo, mi mitad de paz,
la pieza que encaja cuando todo lo demás se va.
(Estrofa II)
No eres mi sombra, ni vas un paso atrás,
eres el reflejo que me enseña la verdad.
Si estoy a oscuras, tú eres la claridad,
si el camino es largo, tú eres mi voluntad.
Contigo el tiempo se mide en complicidad,
y el silencio se llena de nuestra identidad.
(Puente)
Dos mundos distintos, un solo universo,
dos rimas sueltas formando este verso.
No es que me completes, es que nos potenciamos,
y en ese equilibrio es donde nos encontramos.
(Cierre)
Tú eres mi mitad...
La que me hace mejor,
la que le da sentido a la palabra amor.
Simplemente tú.