Quién diría, José, que entre la gente,
el destino una trampa me iba a poner.
Yo buscaba otra cosa, muy inocente,
y terminé encontrando todo tu querer.
Tú estabas ahí, tras ese mostrador,
atendiendo la vida, repartiendo atención
Fui por un encargo, de forma imprevista,
y me llevé conmigo mucho más
Bastó una mirada, saltó la chispa,
y desde ese día, mi mundo es contigo.
Tú me despachaste con mucha elegancia,
y yo me quedé presa de tu buen sentido.
¡Ay, José de mi vida, qué suerte la mía!
Que en esa carnicería mi alma se halló.
Yo que iba de paso, y mira este día,
Andrea se entrega de puro corazón.
Bendito el momento, bendita la hora,
en que lo inesperado en amor se volvió.
Me encantan tus ojos cuando me saludas, y tú buen humor
me gusta que sepas cuidarme tan bien.
Si el mundo nos mira, que no queden dudas,
que como este amor, no hay otro, lo sé.
Tú eres mi orgullo, mi paz, mi alegría,
el hombre que adoro mi felicidad
¡Ay, José de mi vida, qué suerte la mía!
Que en esa carnicería mi alma te halló.
donde este cariño por fin florecio