Cuando clarean los campos
y relincha el ventarrón,
ahí sale mi valiente
a probar su corazón.
Entre espuelas y coraje,
jineteando sin temor,
así como doma potros
me fue domando el amor.
Lo veo firme en la monta,
con la rienda bien templada,
la mirada decidida
y el alma desatada.
Y así como alza la mano
pa’ afirmarse en el tordillo,
me sostuvo el sentimiento
cuando tembló mi bolsillo.
Porque así como al caballo
le habla quedo y con respeto,
a mi corazón arisco
lo ganó sin un aprieto.
No hizo falta lazo fuerte
ni promesa exagerada,
fue su sonrisa tan limpia
la que dejó mi alma enlazada.
Con esa sonrisa hermosa
que ilumina el palenque entero,
me domó sin darme cuenta
mi Mencho lindo y sincero.
Y yo, que era potra brava,
de carácter orgulloso,
me rendí bajo sus ojos
y su querer generoso.
Cómo no voy a quererlo
si lo veo tan decidido,
vestido de gaucho entero
con el sueño bien prendido.
Bombacha, faja y sombrero,
orgullo en cada pisada,
haciendo lo que más ama
con el alma desatada.
Amo verlo en su elemento,
feliz, valiente y entero,
porque cuando él es quien es
late fuerte mi sendero.
No hay oro ni hay fortuna
que iguale tanta emoción,
como verlo jineteando
y saberse mi razón.
Y si la vida es un campo
con tormenta y con verano,
yo quiero ser su compañera
de la rienda y de la mano.
Que así como doma potros
con coraje y con firmeza,
siga domando mi pecho
con sonrisa y con nobleza.
Que el resto de mis días
sean polvo de su huella,
que mi destino sea el suyo
bajo el mismo sol y estrella.
Porque mi gaucho querido,
mi Mencho de corazón,
me enseñó que el amor
también se monta con pasión.