María, la del pelo suelto y la mochila al revés,
la que escribe su nombre con estrellas en el papel.
Tus catorce años son un río que no sabe hacia dónde va,
pero lleva la corriente de quien pronto aprenderá.
Hay un chico en la escuela que te mira sin disimular,
y tu corazón de pronto aprendió a galopar.
No es pecado, no es locura, no es el fin de la verdad,
es el vuelo de una niña que comienza a despegar.
¡AY, MARÍA! No le temas al amor,
no es enemigo, no es trampa, no es error.
Es un eco que te llama, un latido sin razón,
pero solo tú decides cuándo decir que sí al corazón.
Tu madre te comprende, tu tío quiere cuidar,
y tú en medio del huracán sin saber a quién mirar.
Pero escucha, primavera, la tormenta pasará,
y el amor que es con respeto, nunca sobra, es verdad.
No te escondas, no te calles, no te dejes encerrar,
pero elige con la cabeza y el alma al mismo compás.
Que querer no es una guerra, que cuidar no es prohibir,
que el amor que es sano y libre siempre sabe florecer.
María de catorce lunas, de cuadernos y soñar,
tú decides tu camino, tu manera de volar.
Que este mundo es ancho y tuyo, que la vida es para andar,
y el amor, cuando es sincero, es la mejor tempestad.
¡AY, MARÍA! Guarda el miedo en un cajón,
que querer no es una herida, es una revolución.
Y cuando sientas que es el tiempo, cuando sea de verdad,
que tu pecho sea libre… y tu vuelo, libertad.