(Verso 1)
¿Qué cómo soy? Ja…
dejame contarte antes
que te arriesgues sin razón.
Soy el tipo que entra tarde
y aun así roba atención,
el que nunca pide permiso
porque aprendió a abrirse paso a empujón.
Si te miro demasiado
más te vale no evitar,
porque juego con ventaja
y no me gusta disimular.
No soy de flores, de promesas,
ni de hablar por hablar,
voy derecho, marco el rumbo…
y casi siempre suelo ganar.
(Pre-coro)
No soy arrogante, corazón…
es un hecho.
No me gusta perder tiempo,
voy por lo que quiero.
Y si algo me importa…
tengo paciencia de sobra.
(Estribillo)
Pero hay algo que no puedo negar…
si te quedas…
vas a tener que aprender
a abrazar una bestia.
Porque amo fuerte, amo torpe,
amo duro, como si después
se acabara la tierra.
Y si lo aceptas…
te advierto algo más:
no sé abrir las manos
cuando muerde la necesidad.
(Verso 2)
¿Ves esta forma de hablar?
No nació conmigo.
Es más fácil parecer invencible
que admitir que tuve miedo.
Me acostumbré
a ser el último en irse,
a reírme despues del golpe,
a decir “no importa”
cuando por dentro estaba hecho un desastre.
Tengo miedo… sí.
No de perderte.
Tengo miedo de que un día
descubras quién soy realmente
y ese fuego con que hoy me miras, se apague para siempre.
(Puente)
Porque no te lo dije…
pero cuando alguien entra
yo no sé dejar ir.
No porque quiera encerrarte, ni exigir.
Es que hay gente que aprende a vivir sola…
y otros aprendemos a sobrevivir
si alguien nos mira
como si todavía hubiera algo bueno aquí.
(estribillo)
Así que elige bien…
porque si cruzas esa puerta
yo no voy a quererte a medias.
Voy a mirarte
como quien regresa a casa
después de una guerra.
Y sí…
detrás del tipo duro, del que nunca afloja,
del que parece tener el control…
hay un hombre muerto de miedo
que te pregunta bajito:
¿te vas a quedar…
o también te vas a ir, corazón?