Ay…
Y esto suena pa’ que duela…
como duele el olvido…
Yo te di mi vida entera sin pensarlo dos veces,
fui tu abrigo en invierno, tu calma en meses grises,
y hoy me pagas con silencio, con distancia y con desprecio,
como si lo nuestro nunca hubiera sido cierto.
Yo te amé sin condiciones, sin medida y sin miedo,
te entregué hasta mis sueños y ahora vivo en recuerdos,
y aunque el tiempo me diga que te tengo que olvidar,
hay un tonto en mi pecho que no deja de esperar.
Dime qué hice mal,
si te di de más…
si hasta mi alma te la quise regalar…
Y ahora vienes diciendo que ya no sientes nada,
que el amor se acabó y que estás enamorada,
pero no se te olvide que fui yo quien te enseñó
a querer bonito y a entregarte sin temor.
Y aunque intentes borrar todo lo que vivimos,
yo sé que en el fondo aún recuerdas lo mío,
porque nadie te va a amar como yo te amé,
ni te va a dar el alma como yo te la entregué.
Hoy camino en silencio con el alma partida,
aprendiendo a soltar lo que fue mi vida,
pero cada canción me recuerda tu voz,
y me duele aceptar que ya todo acabó.
Y si un día te falla quien hoy está contigo,
no regreses llorando buscando lo perdido,
porque el hombre que amabas ya no vive aquí,
se cansó de rogar… se olvidó de ti.
Y ahora vienes diciendo que ya no sientes nada,
que el amor se acabó y que estás enamorada,
pero no se te olvide que fui yo quien te enseñó
a querer bonito y a entregarte sin temor.
Porque aunque me duela soltarte y decir adiós,
yo prefiero perderte que perderme yo…
Ay…
y así termina lo que un día fue eterno…