El camino se puso espeso,
y comencé a subir despacio,
trabajando sin descanso,
rompiéndome el lomo a diario.
Con el desvelo encima,
mientras otros preguntaban:
"¿Qué tanto haces tú?
Si tus manos no se ven en nada".
Pero aprendí que en esta vida
no se vive pa' que te vean,
el proceso es en silencio
aunque la gente no lo crea.
Hay que caminar parejo,
subir sin tener tanta prisa,
que el que mucho se acelera,
con su propio pie tropieza.
Porque allá arriba hay un Dios
que no se fija en las apariencias,
Él bendice tu sudor
y te premia la paciencia.
Cada que subes un escalón,
Su mano te va cuidando,
deja que sigan hablando...
¡que nosotros seguimos sumando!