[Intro]
Cae la tarde sobre la ciudad, y el humo en la boca del barrio no perdona.
[Verse 1]
En la plaza, la gente guarda la paciencia como un secreto viejo, un rancio sueño que no termina de despertar.
Dicen que hay aceite para el pan, pero el pan se corta en raciones y el humo no se arrepiente de su juego cruel.
La ironía viste bata blanca y sonríe, mientras la libreta registra cuántos pueden comer.
[Chorus]
Pena en las calles, burla en los escaparates, aceite que brilla y no llega a calentar.
Desigualdad que canta en silencio, un tambor que golpea cuando nadie quiere escuchar.
Si la gente grita, dicen que es derroche; si el río moja, dicen que es exagerar.
[Verse 2]
Arranca el día y el sol se esconde detrás de una fábrica vieja, como un permiso que jamás llega.
El aceite suda en la página de una factura que nadie entiende y nadie paga.
Se ríe la autoridad desde un póster gastado, mientras el vecindario aprende a medir el hambre.
[Pre-Chorus]
¿Dónde quedó la promesa de igualdad, si el plato siempre dice “no hay más”?
[Chorus]
Pena en las calles, burla en los escaparates, aceite que brilla y no llega a calentar.
Desigualdad que canta en silencio, un tambor que golpea cuando nadie quiere escuchar.
Si la gente grita, dicen que es derroche; si el río moja, dicen que es exagerar.
[Bridge]
Y la historia se repite como un rótulo viejo: la pena se acumula en la piel de la ciudad.
Pero hay ojos que no se cansan de mirar, que aprendieron a nombrar la verdad.
[Chorus]
Pena en las calles, burla en los escaparates, aceite que brilla y no llega a calentar.
Desigualdad que canta en silencio, un tambor que golpea cuando nadie quiere escuchar.
Si la gente grita, dicen que es derroche; si el río moja, dicen que es exagerar.
[Outro]
Que no olviden que la llama es de la gente: resistir, exigir, y cambiar la manera de mirar.