Ella tuvo un pasado de sombras y cicatrices,
caminos prohibidos, heridas que no se dicen.
Pero el amor es terco y no entiende de razones,
y un día apareció sin pedir explicaciones.
Yo llegué sin buscarla, tropecé con su mirada,
y supe que en su pecho había algo que callaba.
No pregunté por sus noches, no indagué en su pasado,
solo le ofrecí mi mano y un puerto a su lado.
¡Y ELLA FLORECIÓ! Como la rosa que crece en el cemento,
como la luz que se cuela en el peor momento.
La que otros no supieron ver, la que el mundo maltrató,
hoy es el alma más bonita que este loco encontró.
Llegaron los niños, llegó la paz a su ventana,
se vistió de madre, de ternura y de mañana.
Ya no sale de noche, ya no tiembla en la oscuridad,
ahora tiene quien la espere, ahora tiene hogar.
Yo sé que hubo un tiempo donde el viento la doblaba,
que hubo noches enteras donde nadie la abrazaba.
Pero eso quedó atrás, enterrado en el ayer,
lo que importa es la mujer que hoy logró florecer.
Sus hijos no preguntan, solo sienten su calor,
saben que su madre es magia, que su madre es luz y amor.
Y yo, que conozco todo, que vi su lado más cruel,
sé que no hay ser más hermoso que el que renace por él.
¡MIRA CÓMO BRILLA! La que un día fue carbón,
hoy es diamante en la frente de esta revolución.
No hay pasado que la ate, no hay cadena que la alcance,
porque el amor verdadero es el único que hace.
Hoy cocina en la mañana, hoy sonríe sin temor,
hoy sus hijos son su gloria, su bandera, su sabor.
Y yo, testigo silencioso de su hermosa redición,
solo sé que esta mujer... es mi más grande bendición.
Que no le pregunten de dónde viene,
que no le pidan cuentas de su ayer.
Lo único que importa es lo que tiene:
un corazón gigante y una mujer que sabe querer.