Una canción en mi habitación,
y de repente estás aquí,en mi memoria vives.
Un clic,un suspiro, un viaje al primer día, Dieciocho años no son nada cuando tu miobra me guía.
La lluvia cae en el tejado cantando nuestro pasado,eres mi cómplice perfecto,mi amor no acabado.
Y no hace falta hablar,lo sabemos todo, el mapa de las risas,la huella de los miedos.
Somos fantasmas reales,bailando en la distancia, una llama que nunca pidió resistencia.
Y nos vemos a veces,y el mundo desaparece. Dieciocho inviernos,dieciocho veranos en la piel.
Y aunque la vida siga,con otros caminos, somos cómplices del tiempo,tú y yo, eternos vecinos.
Un baile en una fiesta,un roce clandestino, somos el secreto más viejo y más genuino.
Recuerdo aquella tarde,bajo el aguacero,siendo nuestro mundo entero.
Promesas que se fueron,pero no el sentimiento,
guardamos entre ambos este extraño firmamento. Y si te encuentro azul,o si me siento frágil, sé que hay un puente invisible,un código tácito.
Porque no es un adiós,es un "siempre presente",
una geografía del alma,constante y elocuente.
Somos historia viva,con páginas en blanco todavía, un anhelo perenne que ninguna herida borraría.
Y nos vemos a veces,y el mundo desaparece. Dieciocho inviernos,dieciocho veranos en la piel.
Y aunque la vida siga,con otros caminos, somos cómplices del tiempo,tú y yo.
¿Quién dijo que el amor termina?
A veces solo cambia de domicilio.
Se hace aire, se transforma en este brillo compartido.
No somos dueños,somos testigos
de lo que el tiempo no pudo deshacer:
un fuego lento,eterno amigo,una verdad que solo sabe crecer.Y nos veremos siempre,y el mundo desaparecerá.
Dieciocho ciclos,y este latido no se irá.
Porque aunque la vida siga,con otros destinos,somos cómplices del tiempo,tú y yo, peregrinos.
De un baile sin final,de un beso que no tiene prisa, somos la melodía que nunca, termina.
Y somos un disco rayado que suena en la lluvia,la canción perfecta,la eterna complicidad.
Y somos..Lejos..pero siempre presentes.Cómplices