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Soy la luz que nadie compra, el detector que no miente,
radiación sin drama, actitud de frente.
No quemo, desarmo: pongo en placa lo fingido,
dejo al descubierto el acto amañado y vestido.
Tú vendes tu fachada a precio de billete,
yo paso por tu abrigo y te dejo sin cachete.
No soy escándalo, soy método; no soy furia, soy ley,
simple claridad que corta el cuento y lo pone donde hay.
Me llaman frío: prefiero verdad sin maquillaje.
Me tildan de soberbio, y yo respondo con coraje:
la arrogancia es saber lo que no te atreves a ver,
tener mapa de tus grietas antes de que empieces a creer.
Tu columna es de cartón, tu temple es humo barato,
pones un sello, una foto, y llamas eso contrato.
Yo no testo tu discurso, yo miro el esqueleto,
y en la placa se lee claro: vacía la promesa, secreto.
Atravieso títulos, cargos, trajes de diseñador,
mi rayo no respeta etiqueta ni aplauso de actor.
Donde finges historia, yo registro polvo y hueco,
donde gritas guerra moral, yo veo todo el hueco.
Eres torre en la foto, teatro sin cimientos,
esperas viento y crees hierro —yo cuento los momentos.
Porque lo que sostiene no brilla en tu escenario,
es lo que late en silencio mientras finges que te agrario.
No invado: relevo —señalo lo que ya existe;
tu mentira me llama obscena, yo solo soy la lista.
La verdad no es violencia, es espejo en la mano,
y si te duele mirarte, culpa tuya, no del arcano.
Sé dónde te rompes antes de que suenes la voz,
no lo digo con rabia, lo digo con adiós:
que te sirva el susto, que te sirva la lección,
que la luz que no ven sea brújula y no perdón.
Sociedad ama la cáscara, compra brillo y fotograma,
yo celebro lo que trabaja, lo que calla, lo que trama.
Tú afirmas que eres más porque otros te aplauden,
pero cuando apagan luces, tus reflejos se deshacen.
Yo no busco crédito, ni likes, ni que me aclamen,
mi función es sacar polvo donde tú solo embalsamas.
Te llamarán cruel si no les cubres el crujir,
pero alguien tiene que decirlo: