Y el que sabe, sabe. Escuchen bien, abrán los ojos que esto no es cuento. Vengo a contarles la verdad, sin filtros ni invento. Hoy mi día empezó organizando todo sin prisa, cuando de repente llegó un recuerdo que me hizo reflexionar. Uy, un deyabú que me llevó hacia atrás. 30 años exactos. Me apareció ella, la primera que me robó los labios, los hechos. La primera vez que Sentí lo que es querer de verdad. Y mira qué cosa. Con ella empezaron mis malas decisiones. Vaya casualidad. Pero también empecé a equivocarme, a seguir caminos que no eran mío. Qué despropósito. Me tomó más de 20 años sacar la carrera, levantarme del suelo, hacer de todo, ser coach, escribir cartas de perdón y de despido para llegar hasta donde estoy ahora sin miedo. Y saben qué, hoy lo veo claro y le doy las gracias de corazón porque ella fue Como un ángel que pasó por mi vida. Como quién se sube a un tren sin decirte dónde vas, sin aviso ni razón. De subes, viajas un tiempo, disfrutas el recorrido y de repente Zas se va, se baja en otra estación y tú te quedas mirando pensando, "¿Y ahora qué? ¿Qué hago con este sentimiento que no se va?" Yo me quedé esperando, creyendo que volvería, que todo se arreglaría mientras ella construía su vida, se casaba, avanzaba y yo me quedaba aquí con el corazón en pedazos, sin tener el valor de seguir mis propios pasos. ¡Qué ridículo! No lo creen. Me pasé años esperando algo que nunca iba a volver mientras ella hacía su camino. Y yo me quedaba atascado en una casa, en un lugar que no era el mío sin saber qué hacer. Y ahí empezó lo peor, lo que más me dolió, lo que me hizo luchar contra todo. La familia que tiene esa habilidad única de poner etiquetas, de decirte quién eres y qué vas a hacer sin conocerte ni un poco. Dicen, "Tú eres así. Tú vas a ser igual que los de tu sangre. Tú no llegas a nada. Tú no vales para esto ni para lo otro. Ah, qué gracia me dan. Qué ironía tan grande, porque yo nunca robé, nunca mentí, nunca hice daño a nadie. Soy profesional, me esfo