Nunca el tiempo pasa? ¿Me lo preguntas a mí?
¡Claro que pasa! Pasa y te deja atrás, a ti
que te escondes en frases bonitas, en consuelos baratos
que te inventas excusas para no moverte, cobarde de los actos.
¿"El espíritu sigue"? ¡Venga ya, no me vengas con cuentos!
Tu espíritu está dormido, entre tus propios lamentos.
¿"La luz siempre brilla"? ¡Sí, la brilla quien se atreve!
A ti te ciega el miedo, te paraliza y te mueve
sólo cuando el dolor te empuja contra la pared
y hasta entonces te quedas quieto, mirando caer
las oportunidades que te pasan por delante
mientras tú repites frases que ni tú mismo te crees.
Dices que "aunque arrebata te motiva" —¡qué mentira más grande!
Te arrastra por el suelo y tú finges que te levantas.
¿"Nunca es tarde para cambiar"? ¡La frase favorita
de quien no tiene agallas para empezar hoy, ni poquito!
Deja atrás las sombras —dices— ¿y quién te lo impide?
¿Acaso las sombras te persiguen o tú vas y te metes
en ellas por miedo a ver quién eres en realidad?
¿A que el nuevo mundo te exija algo más que hablar?
¿"Las cicatrices son marcas, te fortalecen"? ¡Claro que sí!
Pero sólo si aprendes de ellas, si te atreves a seguir.
Si te quedas mirándolas como si fueran trofeos
y no haces nada nuevo, son sólo heridas, no deseos.
¿"Son muestra de que cambias"? ¡No, son muestra de que sufriste!
Cambiar es lo que haces después, si es que te diste
la gana de moverte, de romper con lo viejo
si no, son recuerdos que te comen, sin ningún provecho.
¿Entonces qué esperas? —me preguntas— ¡pues lo sabes tú!
Esperas que el tiempo te regale una excusa, un escudo, un abrigo
para decirte a ti mismo: "mañana empiezo, ya verás"
y mañana es igual que hoy, y así te vas a quedar.
"El odio te puede dominar" —y tú le abres la puerta
le sirves la cena, le dejas que sea tu dueño y tu ofensa.
¿"El tiempo es aliado y enemigo"? ¡Es un juez implacable!
No se pone de tu lado, no te perdona, no es amable.
Cada segundo es un regalo —dices— ¡qué lástima que tires
cada regalo que