Verso 1
En la azotea del palacio, David miró a Betsabé,
una noche de poder que hizo temblar su fe.
Lo que empezó en secreto, dejó rugir la traición,
el reino entero sintió el peso de su oración.
Pre-coro
La voz del profeta trajo luz a la oscuridad:
“¿Qué has hecho?”. Y el corazón se quebró sin sanar.
Coro (con palabras del Salmo 51)
Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la grandeza de tus misericordias borra mis transgresiones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu.
Restáurame el gozo de tu salvación, y sosténme con un espíritu de alabanza.
Verso 2
El hijo que nació de ese error, bajo la sombra dejó de respirar;
Dios quitó la vida, y el llanto cubrió la ciudad.
David, dueño del dolor, no halló palabras sin temblor,
mientras el profeta decía: la culpa exige un perdón.
Pre-coro
Entonces vino la gracia que cambia todo dolor:
un arrepentimiento verdadero, un clamor que llega al Creador.
Coro (con palabras del Salmo 51)
Ten misericordia de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la grandeza de tus misericordias borra mis transgresiones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado.
Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos.
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.
No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu Santo Espíritu.
Restáurame el gozo de tu salvación, y sosténme con un espíritu de alabanza.
Puente
Nathan habló: la verdad duele, pero la gracia sana.
David escogió vivir en humildad, y aprendió a cantar en la mañana.
Verso 3
Ya no hay gloria en la culpa; hay un pacto hecho de fe,
cuando el corazón se rinde y la misericordia ve.
Dios respalda al que confie