[Intro]
A veces el tiempo susurra en la ventana, y el latido se acuerda de ti.
Entre las calles que guardan nuestro primer destino, nace una historia sin saber vivir.
[Verse 1]
Nos vimos cuando éramos jóvenes, tú con tus ojos fieles y una brújula a mitad del camino,
una diferencia de edad que parecía un muro, pero el diálogo hizo un puente de hilo fino.
Las fechas grabadas en la memoria: 12 de junio, la lluvia de mayo, el primer café que nos dejó temblando,
y aunque el mundo decía “no”, nuestro destino parecía dictado por el destino errante.
[Pre-Chorus]
El tiempo pasó como un río entre las manos, y la distancia hizo su juego cruel,
pero guardamos cada detalle: una carta, una llamada, un silencio que decía que sí.
[Chorus]
Lo que el tiempo quiso, nos encontró de nuevo, sin planearlo, con las paredes de miedo caídas;
dos manos que se acercan, dos miradas que entienden, el amor real que no necesita explicaciones.
[Verse 2]
Años después, un reencuentro en una estación iluminada, con sonrisa temblorosa y la verdad a flor de piel,
la distancia dejó cicatrices, sí, pero también lecciones que cosieron nuestro anhelo fiel;
las calles que nos vieron crecer volvieron a abrazarnos como si el mundo esperara ese sí.
[Pre-Chorus]
Nos miramos y el silencio dijo que sí también: que la vida cambia, pero el querer no se va,
que cada año apenas suma una nota más en la balada que guardamos para naufragar.
[Chorus]
Lo que el tiempo quiso, nos encontró de nuevo, sin planearlo, con las paredes de miedo caídas;
dos manos que se acercan, dos miradas que entienden, el amor real que no necesita explicaciones.
[Bridge]
Si hay distancia, la cruzamos con palabras que vuelan más rápido que cualquier reloj,
con fechas que vuelven en cada encuentro: 03/04, 21/11, y el latido que nos recuerda por qué vale la pena el amor.
[Chorus]
Lo que el tiempo quiso, nos encontró de nuevo, sin planearlo, con las paredes de miedo caídas;
dos manos que se acercan, dos miradas que entienden, el amor real que no necesita explicaciones.
[Outro]
Quedó escrito en nuestras manos el milagro cotidiano: la gente cambia, el corazón no miente,
y aquí, en este lugar, aprendimos que el tiempo solo empuja hacia el verdadero sentir.