Tú me conociste cuando yo aún no conocía a Dios. Con tu invitación a la iglesia, me llevaste a Su presencia. Y en ese mismo camino, Él me regaló a ti. Porque no solo me diste la salvación, también me diste tu amor. Gracias por guiarme hasta Él, y hoy, hasta el altar.
No te prometo perfección, porque soy humana y sé que habrá días en los que falle, en los que el cansancio nuble mi mirada y el orgullo quiera robar tu lugar en mi corazón. Pero te prometo que, cuando eso pase, no me esconderé de ti.Te prometo reír contigo hasta que duela el vientre, pero también cargar tus silencios más pesados y ser tu refugio cuando el mundo te agobie
Te elijo hoy, y te elegiré en cada amanecer y en cada noche, no porque siempre sea fácil, sino porque elegirte es mi decisión más firme y mi mayor acto de fe. Caminaré a tu paso en la abundancia y en la escasez, en la salud y en el dolor, en la calma y en la tormenta, hasta que la muerte nos separe. Y cuando ese día llegue, no será un adiós, porque el mismo Cristo que me trajo a la iglesia contigo, nos tiene preparada una vida que nunca se acaba.
Hoy declaro con toda mi alma que nada de esto fue casualidad. Dios te puso en mi vida para salvar mi alma, y luego para hacerte mi compañero. Por eso, con la autoridad que me da la fe, afirmo que lo que Dios ha unido en este día, ningún hombre, ningún rencor, ninguna distancia ni ningún poder de este mundo podrá deshacerlo. Porque este pacto no está escrito en papel, sino en el corazón del Padre, y lo que Él ata en el cielo, en la tierra permanece.
Gracias por ser el instrumento que Dios usó para abrir mis ojos y el amor que Él eligió para sostener mis pasos. Con Su ayuda, seré tu ayuda idónea, tu animadora, tu compañera de viaje y tu mayor testigo en la tierra. Toda mi vida, a tu lado, y mi alma, por toda la eternidad.