Soy una mujer de temple,
con buenos amigos en cada lugar,
donde supe disfrutar
en cada momento exacto
que la vida me pudo brindar.
De Coloncito salí
por mi propia voluntad,
a San Cristóbal fui a parar
y en Carúpano pasé a brillar.
Tuve estadía en Caracas,
en los barrios supe bailar...
y hasta la alta sociedad
también comencé a pisar.
Brindé con vinos caros
en La Lagunita Country Club,
y desde la cima pude observar
a amigos de verdad.
En Valencia pasé solo a saludar,
por Maracay también me pueden recordar,
y en La Victoria hubo un lugar
muy poco conocido...
que solo los que estuvieron en
Zuata
lo van a celebrar.
Allá vivía un chino que quiero recordar,
por su amor sincero
y el respeto mío se logró ganar,
Aponte es su apellido...
Pero hasta Margarita me tocó volar,
tomando varios vuelos
para poder saludar
a mis verdaderas amistades
que en Caracas las dejaba
y debía regresar.
En la gran capital conocí a un señor
que su amistad me supo brindar;
en jets privados estuve
solo para desayunar.
En San Antonio solía aterrizar,
Barquisimeto pasábamos solo para almorzar,
y en Caracas terminábamos
para irnos a bailar.
Era un recorrido que daba en un solo día,
sin hacerle daño a nadie,
solo por mi lealtad...
y esa no tiene precio.
Por eso hoy vivo riéndome
de los que tratan de aparentar.
¡Y que vivan los que en verdad
supieron apreciar mi amistad!
Con esta me despido,
solo quise recordar
un poquito de lo que fue mi vida,
sin tener que envidiarle
la vida a nadie...
porque yo sí sé respetar.