¡ Desde Venezuela para Colombia¡Y que suene ese acordeón desde el mero norte! ¡Ayyyy-haaaay!
En el hospital de la vida,
por esas cosas del destino,
conocí a una gran señora
que se cruzó en mi camino.
Su nombre brilla con fuerza,
es de gran categoría:
Blanca Mirian se apellida,
Carrillo Ramírez es su guía.
Es de Gramalote, señores,
allá en Norte de Santander,
donde se cría gente buena,
de esa que ya no se ve.
Tiene un alma tan bendita,
de esas que dan esperanza,
una pureza tan limpia
que llena de paz el alma.
No se ven almas tan puras
en estos tiempos modernos,
donde abunda la tristeza
y los días son tan fríos y tiernos.
Pero ella llegó con su risa,
con su trato tan amable,
regalando pura alegría
de una forma inigualable.
Aquí se despide el corrido
para una hermosa mujer,
que Dios me la cuide siempre
y me la llene de bien.
Guardo su recuerdo en el pecho
con orgullo y gran afecto,
porque doña Blanca Mirian
es un ángel sin defecto.