Entraste al bar como quien es dueña del tiempo,
con un vestido rojo que dictaba mi sentencia.
Me saludaste con un beso frío, de esos que mienten,
y yo, como un tonto, bendije tu presencia.
Tienes la lengua de seda y el alma de piedra,
una experta en el arte de hacerme caer.
[Coro]
¡Ay, mujer mala! Eres un vicio que mata,
un ángel caído que cobra en dolor.
Me robas el sueño con manos de plata,
y bebo tu engaño como si fuera amor.
Eres el fuego que quema mis alas,
pero prefiero el infierno si es contigo, mi amor.
[Verso 2]
Dices que me amas mientras miras la puerta,
buscando la próxima víctima de tu vanidad.
Me dejas el alma vacía, la herida abierta,
y te vas con el alba, sembrando la soledad.
Eres experta en promesas que nunca se cumplen,
un laberinto donde siempre me pierdo al final.
[Puente]
Maldigo el momento en que vi tu mirada,
y bendigo la suerte de haberte tenido.
Porque aunque sé que para ti no soy nada,
prefiero morir en tu red que morir en el olvido.
[Coro]
¡Ay, mujer mala! Eres un vicio que mata,
un ángel caído que cobra en dolor.
Me robas el sueño con manos de plata,
y bebo tu engaño como si fuera amor.
[Outro]
Mala... tan mala que duele.
Pero qué bien se siente...
perderse en tu veneno una vez más.